octubre 1, 2011

Por alguna razón me iba a vivir a un pueblito mexicano de provincia. Donde me encontraba al típico hombre bueno, que todos querían y sí,  nos enamorábamos perdidamente.  A las 2 semanas de esto él moría atropellado por un tren. Él no tenía papás, vivía con una tía y tenía una hermana y un hermano los cuales estaba realmente tristes.

Me decían que yo tenía que participar en todas las ceremonias que se le iban a hacer pues era su novia. Yo aceptaba sin saber a lo que me metía.

El velorio era un ritual donde se bailaba con unos machetes alrededor del ataúd, yo no quería participar en eso, estaba muy triste, pero lo hacía.  La gente del pueblo era muy machista así que era mal visto que yo no hiciera lo que me decían. Sin embargo, al final de este baile se me caía un sombrero que tenía puesto y uno de los señores lo quería levantar con su machete. Yo le decía que no, que yo lo iba a levantar y con la punta del pie lo aventaba hacia arriba y me caía en la cabeza. La gente del pueblo se sorprendía.

Después yo lloraba mucho por la pérdida de ese chavo, su hermana me decía que nunca lo había visto tan feliz y que estuviera tranquila.

Para finalizar los rituales, había que cenar todos a la mesa pero lo peor de todo es que soltaban unas víboras enormes en el  suelo y éstas se te subían a las piernas mientras comías y te pasaban por el cuello, eran asquerosas pero tenías que dejar que pasaran porque se llevaban tu dolor.

Luego, no sé cómo, yo tenía ya 3 hijas. Y creo que eran del chavo que se murió, eran super lindas y 2 eran gemelas.

Finalmente, yo me había quedado a vivir en el pueblo, vivía en una casita pequeña pero era feliz ahí. De pronto abrían la puerta y yo escuchaba que alguien subía la escalera y llegaba vestido de Charro Vicente Fernández, (segunda vez que sueño con él desde que escribo este blog). Yo le gritaba emocionada :

¡Viva México Chingao! Que buen traje mi Chente.

 

Él se iba a su cuarto, por lo que entiendo, se lo rentaba cuando iba a hacer show a ese pueblo, era como mi roomate temporal. Y me decía que no se sentía bien pero que tenía que dar el show. Me proponía irnos a la playa después del concierto pero era lunes y yo no podía faltar al trabajo. Vicente era muy paternal conmigo y me encantaba tenerlo de nuevo en casa.

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