octubre 3, 2011.

Estaba en un bar del centro que en realidad existió hace varios años, se llamaba Babel. Era la hora de cerrar, mi hermano era el gerente de ahí en el sueño. Estábamos en la puerta principal, hacía frío y me decía que le ayudara a cerrar las puertas, lo hacíamos y volteaba a ver la gran escalera de la entrada, me subía al barandal y me dejaba caer por ahí, como si tuviera 9 años.

Entrábamos al bar y era un lugar muy vintage, había algunos maniquies como decoración, sillones viejos y luces rojas. Se veía bien.  Bajaba una escalera y ahí estaba mi abuela Carmela, me sorprendía verla caminando, (cosa que no hace desde varios años) estaba muy feliz, radiante, con un vestido blanco con azul. La abrazaba y le decía que me daba mucho gusto verla bien nuevamente.  Después aparecía mi abuelo Felipe, estaba un poco llenito, no como ahora que es muy, muy flaco. Le hacía bromas sobre su peso y él se reía mucho, me daba esa típica cachetadita que siempre me da al saludarme. Me emocionaba encontrarlos ahí. Vivían con otra señora que no recuerdo quién era.

Después me daba cuenta que no es que mis abuelos estuvieran bien, sino que yo había viajado atrás en el tiempo y estaba, creo que a finales de los años 70. Llegaba mi tío Jorge y era ese hombre de las fotos que he visto en esa época no el de ahora, venía con mi otro tío Carlos Fano, por lo que sé, andaban mucho juntos cuando eran jóvenes. Ahí confirmé que no estábamos en el año 2011. Ellos se alistaban para ir a una junta, los dos traían un traje gris puesto.

Les decía que si los podía acompañar y de pronto, llegaba él, mi abuelo Jorge. Me tomaba de la mano y me decía que claro que los podía acompañar, pero para hacerlo, tenía que bailar con él. Comenzaba a sonar una canción de Ray Coniff de pronto yo era una niña y caminaba a ritmo de Ray Coniff de la mano de mi abuelo por una calle escalonada. Él cantaba y no le importaba que la gente nos viera bailar y cantar, yo no paraba de reír mientras intentaba seguir sus pasos.  Ahí desperté.

Y sí mi abuelo era así, se paraba a medio centro comercial a bailar contigo si había una canción para hacerlo, cantaba como señora de iglesia sin importarle lo que la gente pensara aunque tú te murieras de la pena, hablaba en “esperanto” a los vendedores que se acercaban al coche. En fin… podría escribir horas de lo divertido que fue mi abuelo…

Te sigo extrañando y pasado mañana cumplirías años. Gracias por visitarme.

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