diciembre 16, 2011

La locación es Valle de Bravo. Había un pequeño cerrito y detrás de ese un lujoso hotel. Adinerados hombres querían comprar el cerrito para ampliar las instalaciones del lugar. Yo era parte de los inconformes y era una activista de no sé qué  movimiento. El punto es que llegaba la persona importante a la que le teníamos que reclamar y resulta que era el esposo de una amiga mía de la secundaria. Entonces yo me quedaba sin saber qué decir por unos momentos. Sin embargo comenzaba a reclamarle todo, a decirle que nos íbamos a amarrar a los árboles si él no cedía. Mi amiga me decía que ella no podía hacer nada y que ya se iba al SPA del hotel. El marido me mandaba lejos y se enojaba.

Los otros activistas comenzaban a amarrarse a los árboles, yo bajaba al cerrito donde teníamos una cabaña para hacer guardias. Había una chava super hippie y le decía que fuera a comer algo y que yo haría guardia. Me quedaba ahí viendo un atardecer increíble, pensando en cómo rescatar aquél lugar.

 

 

diciembre 10, 2011.

Me dormí una larga siesta y esto fue lo que sucedió:

Yo era una agente de algo como el FBI y vivía en una casa llena de computadoras y máquinas muy impresionantes. De pronto  a mi compañero y a mi nos descubrían los malos y entraban a la casa, rompían todo lo que podían y mientras hacían eso, mi compa y yo comíamos mucho helado. Los intrusos no entendían por qué hacíamos. Uno se daba cuenta que era un super helado y nos daba una fuerza impresionante. Por lo que con esto los golpeábamos hasta casi matarlos, pero llegaban más, descubrían el secreto y se comían nuestro helado.

Después nos tenían amarrados debajo de una regadera con agua helada hasta que confesáramos para quién trabajábamos, pero ninguno de los dos decía nada.

 

diciembre 8, 2010

Supongo que la influencia de los miles de tuits de Peña Nieto por su reciente papanatería y un evento de la creme de la creme de la publicidad hicieron que soñara lo siguiente:

Llegaba a un gran salón donde había un cura al centro, iba a ser la boda de, ni más ni menos que de Peña Nieto y la gaviota y yo era una invitada más. Me sentaba en una sillita para esperar el evento y de pronto la novia se sentaba a mi lado. Yo la veía extrañada y le preguntaba si no tenía más bien que estar al frente. Ella decía que no que le daba mucha pena que no dijera que ella estaba ahí sentada.

De pronto ya estaba ella ahí en el altar y un mesero me pedía que me cambiara de lugar porque ese estaba reservado para gente VIP, cosa que evidentemente yo no era, por lo que me llevaba muy “amablemente” hasta un pinchurriento lugar junto a unas bocinas. Le decía que yo no me iba a sentar ahí, que mejor me iba. Sin embargo, el mesero me decía que era prohibido salirse y dejar lugares vacíos. Yo en mi papel de mujer indignada, le respondía que si no me dejaba largarme iba a armar semejante drama que toda la fiesta se iba a entrar de lo que estaba pasando, pero que si se callaba y me dejaba ir ni quien se enterara. Finalmente me largaba del lugar.

Llegaba a casa de Sam y Carlos ( no era la de Dallas, pero era su casa) me quitaba el vestido y me ponía algo cómodo para ir a nadar. Les platicaba lo sucedido en la boda, se reían y me preguntaban qué quería comer porque Carlos iba a preparar Quiche de espinacas.

Bajaba a la alberca y me encontraba a algunas personalidades de la publicidad, con una me quedaba platicando más tiempo, pues sabíamos que teníamos varias cosas de las cuales platicar, sin embargo yo decía, esto es un sueño obviamente porque esta persona nunca platicaría así conmigo.

Y desperté.

diciembre 6, 2011

Tengo un amigo, Armando, que está casado e incluso se casó con alguien que yo le presenté. Bueno la cosa es que soñé que me invitaba a una comida familiar y ahí me pedía matrimonio. Yo me emocionaba pero le decía que si estaba casado con Caro, cómo nos íbamos a casar. Nunca tuve explicación pero sí hubo mucho festejo.

Después soñé con mi amigo Arturo, de Madrid. Él estaba en la casa donde yo vivía en San Pedro de los Pinos cenando con varias personas, entre ellas yo. Pero había un mesero dentro de la casa, raro. El punto es que hablábamos mucho de España, de la comida y la pasábamos muy bien.

Después soñé con un hombre horrendo, un gordo con muchísimo pelo en el cuello y espalda que, no sé por qué, tenía queveres conmigo y con Chabela pero decía cosas horrendas como “me gusta que me llamen Hannibal”.